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Historias


HISTORIA DE LA PORTADA

 

La historia que hay detrás de la portada tiene encanto.

Como sabéis colaboro con la editorial Wanceulen, y su línea literaria Ediciones Moreno Mejías, en varios aspectos; uno de ellos es en la elaboración de las cubiertas de los libros.

Para la portada de ‘El cuerpo desobediente’, mi primera novela, quería algo muy especial. Sin embargo había una dificultad añadida: al no haber estado yo nunca en Florencia no tenía ni una sola foto de allí, y las imágenes de esta ciudad en internet no podía utilizarlas pues podían estar sujetas a derechos de autor. Total, que necesitaba originales y se me ocurrió escribir un e-mail común a todos mis contactos para pedirles que me mandasen fotos que hubiesen hecho ellos mismos; les pedía que hubiesen sido realizadas con cámara digital, así la transferencia del archivo sería más comoda y la calidad de la imagen sería mejor, no se perdería nada en el escaneado. El caso es que, varios días después, me encontré, sobre todo gracias a la generosidad de Álvaro Rodríguez Camacho, de mi tito Agustín Fernández-Argüelles y de algunos amigos más, con más de 500 fotos ‘sobre la mesa’. Sin embargo ninguna de las anteriores fue la elegida, sino una que venía de la persona que menos imaginaba me podía ayudar en esta singular tarea… de mi madre.

Mi madre, que vive en Granada,  a 250 kilómetros de mí y a la que le cuesta caminar por problemas en las articulaciones, hizo acopio de fuerza y valor, se dirigió hacia una copistería y allí pidió que le escanearan varias fotos y que me las enviasen a Sevilla por correo electrónico. Cuando me llegaron quedé impresionado; eran cinco o seis, en blanco y negro, muy bellas; las había hecho mi padre ¡hacía 43 años! Y una de ellas, sobre todo, llamó poderosamente mi atención.

Sí, eran las fotos que Fernando Gómez García, mi queridísimo y añorado padre, había realizado ¡en el viaje de novios! Y aquel viaje, el de mis padres en el año 1967, fue toda una aventura, pues salieron de Badajoz en un Seat 600, con una tienda de campaña y sendos sacos de dormir en el minúsculo maletero, y recorrieron Portugal, la Cornisa Cantábrica, la Provenza, Mónaco y llegaron hasta Italia donde, finalmente, el pobre Seiscientos dijo ‘basta’ en Florencia, por lo que nunca pudieron llegar a Roma, que era su meta final. Allí en Florencia, creo, tuvieron que invertir lo poco que les quedaba en el arreglo del coche y, claro, debieron adelantar su regreso, que, esta vez, hicieron por Barcelona, el Levante Español, hasta llegar a Granada.

Entonces la foto de la portada posee la gracia de la historia, la nostalgia de su antigüedad, la fuerza del hecho de que la hiciera mi padre y la magia de otro hecho: una de las dos mujeres, la que aparece de espaldas más cercana al objetivo, no es otra que mi querida madre.

Por ello, -y por alguna otra cosa más-, la foto se titula Ángeles (que es su nombre) en Florencia.

 

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